viernes, 11 de noviembre de 2022

El valor de la intimidad

Para Carlos J. Morales, “cada persona tiene un recinto secreto, un espacio interior donde decide todos los actos de su vida, y que solo abre al exterior cuando dicho sujeto lo desea con total libertad. Ese espacio interior es lo que llamamos intimidad.“

El hombre es un ser libre, puede elegir hacer el bien o el mal, y llenar su recinto interior de bondad o maldad, de paz o  perturbación. 

“El hombre estaba libremente inclinado al bien, era dueño de sus instintos. Pero cuando se apartó de Dios, la naturaleza humana cayó de ese primer estado. Pero la luz de la razón no se ha apagado en él y conserva la libertad. Con todo hay un camino preparado para él. Dios mismo se ha hecho hombre para sanar su naturaleza. Cuantos se unen a Él participan de su filiación divina y llevan en sí mismos una fuente de vida divina que salta hasta la vida eterna”.(Edith Stein)

Esa fuente de vida divina nos convierte en un “vaso espiritual”. De ahí que nuestra compostura y modo de vestir han de estar acordes con la dignidad a la que Dios nos ha destinado.

Podemos alimentar nuestra fuente divina con nuestra oración, con el trabajo bien hecho, con el agradecimiento, pidiendo perdón por nuestras faltas, con la preocupación por los demás, ofreciendo el dolor cuando no se pueda paliar, con el amor a la sinceridad, a la sencillez, junto con el desprecio a lo afectado, a la presunción o a lo falso...

 Juan González Alacreu

La neuropsiquiatra Ceriotti Migliarese insiste en la idea de la unidad profunda entre cuerpo, mente y espíritu, que es donde se encuentra la intimidad que nos hace únicos e irrepetibles, es la personalidad.

“Aprender a guardar la intimidad corporal, afectiva, intelectual o la más propiamente espiritual, según corresponda al fin para el que hemos sido creados, pues eso es lo que hace que las personas sean valiosas y únicas. Son atentados contra la intimidad, la inmodestia, la falta de pudor, el sexting y la pornografía. Pero también el mimetismo para ser aceptados en un grupo para disimular las diferencias, el mirar para otro lado”. 

 Juan González Alacreu

Así, un modo de vestir provocativo, las chicas que van por la calle exhibiendo su cuerpo, que van llamando la atención, el cuerpo transmite sus propios mensajes, incluso independientemente de nuestra propia voluntad, puede conducir a relaciones sensuales y superficiales , a un amor interesado y que terminan siempre en la soledad del vagabundo o en la soledad de quien se ha sentido usada como una cosa.

¿Qué le queda al ser humano como propio si desmantela o vende su intimidad? Exponer la intimidad sin frenos conduce a la pérdida de nuestro reducto más humano”. (Ceriotti Migliarese)

“La intimidad es el modo de conocer y amar de cada persona”. (Iván  López Casanova)

“Al final nos han uniformado porque hemos desnudado nuestra intimidad, aquello que nos hacía seres únicos, lo que nos permitía formar un nosotros”. (Iván López Casanova).

Dagnino

“Dios está especialmente presente en lo que la Biblia llama “el corazón del hombre”. Con esto la Biblia se refiere al núcleo de su intimidad, al lugar de su conciencia y de sus amores.

Cuando se es fiel a lo que la conciencia dicta, se intuye vivencialmente, que Dios está allí presente de algún modo y que la conciencia es un eco de su voz. Obedecer a la conciencia es, en el fondo  obedecerle y rechazar la voz de la conciencia es rechazarle, porque Él es el fundamento de la conciencia. Ningún asunto, por pequeño que sea, queda al margen: todas nuestras decisiones son tomadas frente a Él, en su presencia. 

Al final el éxito de nuestra vida consiste en amar a Dios sobre todas las cosas, que es lo que nuestra  psicología desea en su fondo más íntimo.

A Dios se le ama en la medida que se le conoce. Para ello es preciso encontrarle y tratarle. A medida que se le descubre, atrae hacia sí las fuerzas del corazón y de la mente. Los mejores amores humanos, que también tienen gran fuerza de atracción, son reflejos del  amor infinito que Dios merece y pueden  darnos una idea de lo que sucede”. (Juan Luis Lorda, Moral, el arte de vivir)   

Pedro de Valencia

Bibliografía: Educar para la pluralidad, Iván López Casanova, Ed.: Rialp; Moral, el arte de vivir, Juan Luis Lorda, libros MC

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