LA EDUCACIÓN DEL ORDEN
"Se comporta de acuerdo con unas normas lógicas, necesarias para el logro de algún objetivo deseado y previsto, en la organización de las cosas, en la distribución del tiempo y en la realización de las actividades, por iniciativa propia, sin que sea necesario recordárselo."
Para qué del orden: el orden es un medio no un fin. Si se entiende el orden como algo necesario para conseguir una convivencia adecuada entre todos es muy diferente que considerarlo como una necesidad derivada de una manía de los padres de familia. El orden está muy relacionado con la limpieza de la casa, el aseo personal. Se trata de establecer unas normas básicas para poder perseguir unos objetivos de mucho valor, que a su vez han de ser ordenados según su prioridad. Y eso es ser prudente.
La distribución del tiempo: habrá que enseñar a los hijos a ordenar sus actividades en el tiempo, de acuerdo a lo que es importante en cada momento y a no sacrificar lo importante a lo urgente.
Las "cadenas de sucesos" son una ayuda desde los primeros años de vida. Por ejemplo, al llegar del colegio para comer saben que: 1) saludan a sus padres. 2) Cuelgan el abrigo. 3) Lavan las manos. 4) Acercan las sillas a la mesa. 5) Se sientan a la mesa dispuestos a comer. Otra "cadena" podría existir a la hora de acostarse. Etc.
Enseñar a los hijos a utilizar una agenda para poner por escrito las tareas de cada día, colocando las tareas menos agradables pero necesarias en primer lugar, para no olvidarnos de ellas, para recordar a tiempo las tareas periódicas, pero no frecuentes o actividades ocasionales a realizar en una fecha dada (fechas de cumpleaños, de entregar un trabajo,...). También para planificar cuándo y cómo llevar a cabo las actividades del modo más eficiente.
La organización de las cosas: Hay que buscar un sitio para cada cosa y cada cosa ha de tener su sitio. Para que los niños aprendan a ordenar sus cosas, se puede invitar a los hijos a participar en actividades de orden de los padres, que ayuden a limpiar y a ordenar los utensilios de cocina, que observen cómo se ordena una estantería de libros, etc. También se puede pedir a los hijos que razonen el porqué de su propio "sistema" de ordenar las cosas, para que no se estropeen y para que se puedan encontrar en el momento oportuno.
La realización de las actividades: Para ser ordenado no sólo hace falta colocar las cosas bien, sino también utilizarlas bien. Utilizar bien los objetos en la práctica puede significar enseñar a los hijos cómo usar las tijeras, cómo arreglar un enchufe roto, etc. Tienen que aprender a utilizar bien su inteligencia, su afectividad, su cuerpo, de acuerdo con unas reglas del juego, unos principios, porque si no lo hacen puede ocurrir que acaben utilizando su inteligencia para destruir algo bueno, por ejemplo, utilizar un juguete para romper una ventana. Si no tenemos cuidado en enseñar el correcto uso de todo lo que poseen los hijos, sus mismas cualidades y capacidades pueden acabar dañándose o creando situaciones perjudiciales para el propio interesado.
El orden que se exige a los hijos en relación con sus posesiones es una preparación adecuada para que aprendan a utilizar sus propias capacidades y cualidades de acuerdo con la finalidad por la cual han sido creadas. Difícilmente puede haber un orden interior en la persona si no existe un cierto orden exterior.
La virtud del orden es la base donde se asientan las demás virtudes de ahí la necesidad de desarrollarla desde las primeras etapas del ser humano.
LA EDUCACIÓN DEL RESPETO
"Actúa o deja actuar, procurando no perjudicar ni dejar de beneficiarse así mismo ni a los demás, de acuerdo con sus derechos, con la condición y con sus circunstancias."
Los padres merecen el respeto de los hijos como progenitores y colaboradores de Dios en la educación de los hijos. Los hijos tienen la obligación de respetar a sus padres toda la vida. Tienen el deber de obedecerles mientras viven bajo el mismo techo y también los menores que están bajo su patria potestad, aunque no vivan en el domicilio paterno.
El hijo espera de su padre que le exija y seguramente no pondrá en duda su deber de respetar y obedecerle si el mismo padre no lo pone en tela de juicio.
Los niños pequeños tendrán que aprender a respetar a sus hermanos, a sus amigos, etc, principalmente en lo que se refiere a sus posesiones tangibles y a su afectividad. Vamos a considerarlo por partes. Los demás tienen el derecho de hacer uso de sus propias posesiones y de ceder este derecho, cuando ellos quieran, aunque se trata de que desarrollen la virtud de la generosidad a la vez. Lo que un niño no puede hacer es robar ni hacer uso de cosas que pertenecen a los demás sin su autorización . Sin embargo, hace falta reconocer el disgusto que se puede causar a los demás sin su autorización. No aprovecharse de los bienes ajenos supone desarrollar la virtud de la fortaleza; saber superar los impulsos egoístas que puedan tener. Por eso, parece sensato establecer un equilibrio en la familia entre posesiones compartidas entre todos y posesiones personales.
Si los hijos oyen a sus padres criticar indiscriminadamente a una persona esta falta de respeto puede condicionar al niño también de tal modo que empiece a decir las mismas cosas, a encasillar a los demás.
Cada persona tiene el derecho de ser tratado y querido por los demás por lo que es. Es decir, por ser hijo de Dios. Habrá que enseñarles a pensar en las consecuencias de sus acciones, a distinguir entre las personas con quien se relacionan. Por otra parte, cada uno cuenta con unas circunstancias peculiares - su capacidad intelectual, su edad, su temperamento - y reconociendo la situación real, actuar o dejar de actuar.
Enseñarles a comportarse de tal modo que no provoquen disgustos para los demás, tratándoles con poca consideración, etc.; enseñarles a actuar positivamente a favor de los demás; enseñarles a buscar lo positivo en los demás; enseñarles a agradecer los esfuerzos de los demás en su favor, procurando no perjudicar ni dejar de beneficiar a los demás.
Ser sincero es parte fundamental del respeto. No es falta de respeto mostrar a otra persona que alguna opinión es errónea. La sinceridad ha de ser gobernada por la caridad y por la prudencia. Esto quiere decir que habrá momentos para decir las cosas tal como son, con valentía y otros en que será más respetuoso callarse. El baremo que habrá que utilizar será el grado de mejora que se busca.
El respeto para las cosas tiene sentido si nos damos cuenta de que están al servicio del hombre y que el hombre no hace más que administrar bienes que son de Dios. Respetar la Naturaleza tiene sentido si entendemos que los motivos para hacerlo son, en primer lugar, que la Naturaleza es de Dios; en segundo lugar, que los hombres pueden disfrutar de ella y en tercer lugar, que usando de ella pueden acercarse a Dios.
LA EDUCACIÓN DE LA SINCERIDAD
"Manifiesta, sí es conveniente, a la persona idónea y en el momento adecuado, lo que ha hecho, lo que ha visto, lo que piensa, lo que siente, etc., con claridad, respecto a su situación personal o a la de los demás."
"La sinceridad y la humildad son dos formas de designar una única realidad"(1) y Santo Tomás dice que la humildad regula la tendencia del hombre a exaltarse por encima de su propia realidad. Por eso, es conveniente reconocer que el desarrollo de la virtud de la sinceridad no tiene sentido si la persona está engañándose a sí misma.
Los adolescentes tienen una tendencia a engañarse respecto a su propia posibilidad de enfrentarse con influencias nocivas a una mejora. Su concepto de sinceridad está más teñido de soberbia que de humildad y se relaciona más con el abandono que con la intimidad.
"La justa medida de mi realidad de hombre me viene no por mi relación a los otros hombres, sino, ante todo, por mi relación con el Creador." (2) Ser hijo de Dios es algo enormemente importante y llevará a la persona a esforzarse en el conocimiento propio para aprovechar todo lo que posee al servicio de Dios y de los hombres, sin exaltarse innecesariamente, ni tampoco infravalorarse. Si desarrollamos nuestra propia intimidad, valoraremos lo que somos para luego entregar lo que hace falta a la persona adecuada en el momento oportuno.
Para ver la realidad de tal modo que sirva de base para una mejora, hace falta distinguir entre lo importante y lo secundario. Si la persona no quiere mejorar, si entiende la vida como una condición en que puede encontrar el placer y no le incumbe ningún esfuerzo de mejora en función de la finalidad última por la cual ha sido creado, distinguir entre lo importante y lo secundario no vale la pena. Es más fácil buscar el placer de acuerdo con el ánimo del momento y engañarse, evadirse o encubrir los momentos ingratos y la insatisfacción cuando las cosas no salen bien, con estímulos como el cine, el sexo, las drogas, etc. Por eso la persona debería reconocer su misión intransferible de glorificar a Dios o por lo menos, de esforzarse en mejorar de acuerdo con alguna finalidad, aunque no claramente entendida todavía, para que la sinceridad o cualquier otra virtud tenga sentido.
Desviaciones en la manifestación de la realidad
Entender la espontaneidad como desenfreno, como liberarse de inhibiciones, como actuar de acuerdo con el impulso del momento. Esto es un modo de actuar instintivo, animal, que no hace uso de la razón ni de la voluntad. La espontaneidad ha de entenderse como un clima de confianza, conducente a la mejora personal y a la ajena. Se trata de animar a los hijos a que cuenten cosas de su vida. Sin esta comunicación inicial no es posible orientarles. A veces preguntándoles directamente: ¿qué tal te ha ido?, otras realizando alguna tarea con su padre o con su madre, etc.
La mentira es intentar inducir a error a los que escuchan, de acuerdo con su apreciación de la realidad. La mentira no suele surgir hasta la edad de la razón, más o menos a los siete años. Antes de esta edad se trata de favorecer la imaginación, pero haciendo constar la diferencia entre la situación imaginaria y la situación real. Por eso no conviene usar motivaciones imaginarias para conseguir el cumplimiento de una acción. Por ejemplo, "no salgas de ahí o te comerá el lobo..."
Para favorecer la sinceridad de los niños es conveniente eliminar los castigos por un mal comportamiento siempre y cuando sea reconocido por ellos como tal y pidan perdón, incluso premiando la sinceridad; pero sin ser ingenuos, si un acto aislado se convierte en acciones repetidas que no son aceptables habrá que imponer un castigo.
Los adolescentes pueden mentir para evitar disgustos y mantener su propia intimidad. No se trata de meterse a saco en su vida íntima. Más bien habrá que crear situaciones en que ellos puedan contar libremente lo que quieran. Y vigilar desde lejos, enterándose por terceros del tipo de ambiente en que se mueve, etc. Si los hijos no cuentan nada de sus problemas reales a las personas que les pueden ayudar, también están restringiendo sus posibilidades de mejora.
Cuando los hijos empiezan a enfrentarse con el ambiente ideologizado -"woke" -, cuyos falsos valores se disfrazan de verdaderos intentando cancelar cualquier tipo de discrepancia, la solución es razonar con los hijos para contrarrestar influencias perjudiciales mostrando la falta de lógica en los argumentos aprendiendo a distinguir entre hechos y opiniones. Así, por ejemplo:
- Si una persona dice que llueve y otra dice que no, abre la ventana y descubre por ti mismo lo que ocurre.
- Si una persona dice que el aborto es un derecho de la mujer, descubre que el ser humano necesita vivir 9 meses dentro del vientre de su madre y tiene derecho a la vida.
- Si tu novio te dice que le entregues tu cuerpo porque si no, no le quieres, descubre que la espera es un regalo para entregar a la persona que amemos y a Dios, etc.
El ejemplo de los padres para manifestar con valentía la verdad, con claridad la verdad, con sencillez, ordenadamente, con argumentos, en el ambiente adecuado, con sentido de responsabilidad. sin caer en la difamación o la calumnia, ni en la adulación, la hipocresía y la vanagloria.
No se trata de opinar sin tener una información adecuada. Y en caso de contar con una información adecuada, no utililzarla si puede dañar "negativamente" a una persona. Dañar "negativamente" porque a veces hace falta "dañar" para conseguir una mejora. Otra vez nuestro criterio es la mejora.
Para evitar la difamación, cada uno debe intentar valorar positivamente los pensamientos, palabras y acciones de su prójimo. Y si esto no es posible corregirle a solas o buscando a alguien que lo pueda hacer. Se trata de gobernar la sinceridad con la prudencia y la caridad. Toda falta contra la justicia y la verdad requiere el deber de reparación.
"San Agustín decía que, aunque todo el que miente quiere ocultar la verdad, no todo el que oculta la verdad miente. A veces ocurre que, aunque se conozca la verdad, ni se puede decir, ni se debe. Son los casos bien conocidos del secreto profesional, del secreto de oficio o del secreto natural". (3)
Ser sincero, reconocer la propia situación personal como ser creado por Dios para algo, con una finalidad es, en otras palabras, ser justo con uno mismo.
LA EDUCACIÓN DEL PUDOR
"Reconoce el valor de su intimidad y respeta la de los demás. Mantiene su intimidad a cubierto de extraños, rechazando lo que puede dañarla y la descubre únicamente en circunstancias que sirvan para la mejora propia y ajena. "
La persona humana necesita descubrir lo que es la dignidad humana y únicamente lo puede hacer si relaciona íntimamente su ser con la finalidad para la que ha sido creado. Todo lo que uno tiene es de Dios y es para dar gloria a Dios.
Apreciar la intimidad, si los hijos mantienen una parcela de su vida para ellos. Por ejemplo, que no dejan entrar a nadie en el baño cuando se están bañando; no contar aspectos de su vida a cualquiera; etc.
Que sean capaces de permanecer en silencio algún tiempo. "Mediante la contemplación el hombre se pone en comunicación con el Ser divino y se asimila la verdad real de las cosas y se incorpora la verdad a la propia vida." (4)
La intimidad tiene valor con tal de que lo que se guarda allí sea bueno. Hay que saber salir de sí para buscar ayuda; no la ayuda de cualquier persona, sino de la persona idónea (sacerdote, padre, amigo, etc.), con el fin de mantener el contenido de su intimidad sana.
Para guardar la intimidad, Choza habla de tres ámbitos: la vivienda, el vestido y el lenguaje (5):
Las condiciones de la vivienda han de facilitar la intimidad de los miembros de la familia. Los padres deben dejar algún cajón, algún lugar que sea suyo que no pueda ser revisado por sus padres. También procurar que el adolescente tenga su propio dormitorio o que no tenga que compartirlo con muchos hermanos. Por ejemplo, si un hijo adolescente sale con una chica, que por su edad está lejos de contraer matrimonio, invitarla a su casa, quizá con algunos compañeros más, para estudiar, conversar, pasear, ver una película o cualquier esparcimiento sano, le protegerá su intimidad, frente a otros ambientes donde no se puede hablar, facilitando el alcohol, sexo,...
El decoro en el vestido significa que en el cuerpo debe habitar Dios, que podemos entregarlo a una persona o no entregarlo a nadie. No se trata sólo de cubrir mucho o poco, sino también cómo se lo cubre, para no ir desatando el instinto sexual del otro.
El lenguaje de la intimidad sólo puede ser revelado en las circunstancias adecuadas y a la persona adecuada: un amigo verdadero, el cónyuge, el confesor, algún familiar, en todo caso una persona de confianza.
Respecto a la comunicación de la sexualidad, "que sean los padres quienes den a conocer a sus hijos el origen de la vida, de un modo gradual, acomodándose a su mentalidad y a su capacidad de comprender, anticipándose ligeramente a su natural curiosidad: hay que evitar que rodeen de malicia esa materia, que aprendan algo -que es en sí mismo noble y santo- de una mala confidencia de un amigo o de una amiga. Esto puede ser un paso importante en la amistad entre padres e hijos." (6)
Los padres deben enseñar a sus hijos aquellos deberes que determina la Ley de Dios respecto al sexo, a respetar el propio cuerpo y el de los demás, a distinguir lo que es un pecado de lo que es una falta de educación o de higiene... Si los padres se tratan con delicadeza, cuidan de que haya detalles en la vida del hogar para hacer la vida agradable a los demás, si respetan la intimidad de los demás,... Si las costumbres familiares protegen el pudor: estar en casa a una hora discreta, vestirse apropiadamente, seleccionar el contenido de las pantallas, del tiempo libre,...
El uso cristiano de la sexualidad no se realiza sin esfuerzo, un esfuerzo que a veces tiene que ser heroico. Esto vale especialmente para la juventud en la cual la fuerza de las tendencias sexuales y la poca madurez de la personalidad del joven exigen una lucha más rigurosa. Sin olvidarse de los medios sobrenaturales, la oración y los sacramentos. La virtud del pudor, con la virtud de la generosidad ponen los cimientos para la educación del amor.
LA EDUCACIÓN DE LA SOBRIEDAD
"Distingue entre lo que es razonable y lo que es inmoderado y utiliza razonablemente sus cinco sentidos, su tiempo, su dinero, sus esfuerzos, etc., de acuerdo con criterios rectos y verdaderos."
Para que nuestros hijos aprendan a no dejarse llevar por los caprichos conviene recordarles que son seres creados para algo, que el placer no puede ser un fin en su vida, que ha de ser ordenado según este criterio. Así, al comer, se encuentra un cierto placer, pero la finalidad es alimentar el cuerpo. El placer que se encuentra conduce al hombre a alimentarse adecuadamente y es aceptable con tal de que no sea inmoderado.
Un padre que compra un juguete para su hijo porque lo pide pataleando, muestra falta de sobriedad y también está enseñando a su hijo a ser caprichoso. Al contrario, un hijo que ve un juguete que le interesa en un escaparate, podría pedirlo a sus padres sin desequilibrar el desarrollo de la sobriedad.
Por otra parte, se trata de desarrollar el autodominio de los hijos, de tal modo que sepan salir adelante, sin disgustarse, aunque un deseo suyo no haya sido satisfecho. Así, por ejemplo, cuando se ha terminado la merienda favorita del niño, cuando un niño ha gastado su paga y ve algo que le apetece...
Una motivación que suele ser muy útil con los niños es la de hacerles ver cómo haciendo estos pequeños esfuerzos, tienen algo muy bonito que ofrecer a Dios o a la Virgen, por ejemplo.
En general, es bueno que los hijos aprendan a valorar las cosas, a reflexionar el porqué de sus gastos, a saber, lo que es necesario de lo que se puede suprimir en favor de cuestiones prioritarias. Puede ayudar a desarrollar la sobriedad: conocer la situación económica de la familia -de acuerdo con la edad y madurez de los hijos para no atosigarles-, a fin de que actúen teniendo en cuenta el bien de la familia; llevar a los hijos a la compra; estimular a un hijo a realizar algún trabajo con el fin de aportar dinero a la familia, si hace falta,...
Educarles en tener buen gusto, en saber disfrutar y dar gracias a Dios por lo que nos ha dado, en el descanso y entretenimiento, para trabajar mejor, en utilizar bien lo que se tiene, al servicio de Dios y de los demás.
El buen uso del tiempo es otro aspecto de la virtud de la sobriedad, encontrar momentos para reflexionar si nuestras actividades están encaminadas al fin que perseguimos. En muchas empresas humanas podemos satisfacernos con un nivel adecuado -no perfecto- con el fin de atender también a otras cosas también importantes. Sólo hay un área en la que debemos intentar alcanzar la mayor perfección y eso es en amar a Dios y a los demás; poner amor en todas las tareas que realicemos, nunca podemos descansar en lo que se refiere a nuestro deber como hijos de Dios. Aprender a rectificar y enseñar a rectificar a nuestros hijos y actuar en consecuencia cuando descubramos una falta de sobriedad poniendo nuestro empeño en luchar contra la comodidad y la pereza. Así encontraremos una alegría y una paz interior que nos indicará que vamos por el buen camino.
BIBLIOGRAFÍA
DAVID ISAACS, "La educación de las virtudes humanas", Eunsa, 1976
Ilustraciones , CARLOS REVIEJO- EDUARDO SOLER,"Canto y Cuento, Antología poética para niños", S.M, 1997
(1) Fe y Vida de Fe, UNAV, Pamplona, p.55
(2) Ob. cit., p.56
(3) Galera, J.A., Sinceridad y Fortaleza. Edit. Palabra, 1974, p. 47
(4) Pieper, J., Prudencia y templanza. Edit. Rialp. Madrid 1969, p. 147
(5) Choza J. "La supresión del pudor, en Nuestro tiempo", Julio 1971
(6) Conversaciones con M. Escrivá de Balaguer. Ed Rialp, Madrid 1963, nº. 100