LA EDUCACIÓN DE LAS VIRTUDES HUMANAS (ESTRACTO), DAVID ISAAC - 4
- LA EDUCACIÓN DE LA JUSTICIA
- LA EDUCACIÓN DE LA OBEDIENCIA
- LA EDUCACIÓN DE LA PRUDENCIA
- LA EDUCACIÓN DE LA AUDACIA
- LA EDUCACIÓN DE LA HUMILDAD
LA EDUCACIÓN DE LA JUSTICIA
"Esta virtud pone orden en nuestras relaciones con Dios y con los demás; hace que respetemos mutuamente nuestros derechos; hace que cumplamos con nuestros deberes; pide sencillez, sinceridad y gratitud; contribuye al bienestar y la paz de la sociedad, aunque como explica Sto Tomás, la paz es fruto de la caridad, ya que esta virtud produce la unión de los corazones. (1)"
La justicia y las edades
Los niños pequeños apelan con frecuencia a sus padres para resolver problemas de justicia en sus juegos. En cambio a partir de los nueve o diez años, los niños discutirán las reglas entre sí y únicamente acudirán a sus padres cuando ocurre algo que no pueden controlar.
De 9 a 13 años quieren ser justos pero no saben lo que es justo. Por eso la virtud de la obediencia es tan importante. Mediante la obediencia a sus padres los hijos actúan justamente y aprenden a ser justos con sus hermanos y con sus amigos. Sin este entrenamiento el proceso será mucho más difícil.
Algunos objetivos que podemos alcanzar progresivamente con comprensión, exigencia y cariño son:
- aprender a establecer un acuerdo con un hermano o un amigo y luego cumplirlo,
- aceptar las reglas de un juego una vez conocidas,
- decir la verdad, en la medida que capten lo que es,
- respetar la propiedad ajena: no robar, no romper, etc.,
- respetar ciertas necesidades y derechos ajenos: las habitaciones de los hermanos, el silencio en momentos de estudio, la intimidad de los demás (llamar a la puerta antes de entrar, no interrumpir en una conversación),
- devolver lo que ha sido prestado en las mismas condiciones, en que fue recibido,
- hablar de los demás con respeto, buscando lo positivo. Mostrar la falta de justicia que supone la murmuración, la calumnia y la difamación.
En caso de sufrir un acto injusto de otro: informar acerca de la injusticia sufrida a una persona competente para deshacer el entuerto; procurar que la persona que ha cometido la injusticia repare debidamente, tomar medidas compensatorias y perdonar; evitar un acto de venganza, es decir, un acto injusto como respuesta, porque en el fondo, al actuar injustamente es a sí mismo a quien se hace daño.
Ser justo con cada uno de acuerdo con su condición y circunstancias.
En torno a los 11 años el niño reconoce que justicia significa dar a cada uno lo mismo. A partir de los 13 o 14 años pueden empezar a reconocer que todos somos diferentes. Una persona tiene una manera de actuar, de pensar, de sentir, un alma, un cuerpo. Actuar de un mismo modo con cada uno, no tiene sentido. Únicamente tendría sentido si las personas fueran máquinas.
Por ello se trata de ayudar a los hijos a distinguir entre:
- hermanos de distintas edades,
- hermanos con distintas necesidades (de recibir alguna ayuda, alguna exigencia concreta, etc.),
- personas de acuerdo con su estado de ánimo (el acto justo puede ser realizado en un momento oportuno o inoportuno,...)
La justicia de los padres
Cada hijo es diferente y necesita un trato diferente; pero el mismo amor incondicional, intentar superar cualquier simpatía o antipatía que pueda haber respecto a cada hijo.
Algunas normas familiares:
- el derecho al respeto por parte de los demás,
- el derecho a la ayuda por parte de los demás para alcanzar una mayor plenitud humana y sobrenatural cada día,
- el derecho a participar de acuerdo a la capacidad de cada uno,
- el derecho a convivir con orden,
- el derecho a la intimidad,
Evidentemente, estos derechos serán compensados por el deber correspondiente.
Cuando los hijos no cumplen lo que deben, nos encontramos con el tema de los castigos. Estamos sancionando a los demás continuamente, sonriéndoles, escuchándoles (sanciones positivas), no prestándoles atención (sanciones negativas). Los castigos más adecuados son los que ayudan a reparar la falta cometida (si un niño ha roto una ventana que ayude a repararla o que pague una nueva).
El niño pequeño puede aprender, con la ayuda de sus padres y hermanos mayores, que lo que "no está bien" es injusto, que le ayudará a comprender lo que es justo en cada momento y con cada persona, sabiendo que la Sagrada Escritura habla más de 800 veces de la justicia y del "justo", expresión esta última de la que el lenguaje bíblico se vale para designar al "bueno", al "santo".
LA EDUCACIÓN DE LA OBEDIENCIA
"Acepta, asumiendo como decisiones propias, las de quien tiene y acepta la autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia y realiza con prontitud lo decidido, actuando con empeño para interpretar fielmente la voluntad del que manda".
Las edades de la obediencia
Los padres debemos buscar el desarrollo de la virtud de la obediencia en nuestros hijos en relación con los valores que consideramos importantes en la vida. para que no obedezcan a los contravalores de la sociedad permisiva, cuyo principal valor es el "me apetece".
Hasta los 3 años los niños obedecen porque sus padres les dan seguridad y cariño. A los 3 o 4 años comienza la "edad del no", proceso que le ayuda a desarrollar su propia voluntad. Si comprende la necesidad de las reglas del juego, será más fácil que cumpla motivado por la vivencia de que hace falta un cierto orden en las cosas para poder convivir.
Desde los 5 años en adelante habrá que combinar la exigencia directa hacia los hijos con el razonamiento de lo que se exige, de tal modo que el hijo cumpla porque ve que es razonable cumplir. También puede cumplir por cariño hacia sus padres, reconociendo que su obediencia es una manera de manifestarlo.
A partir de los 13 años, más o menos, conviene que la obediencia sea consecuencia de una actitud reflexiva por amor a Dios y a los demás.
La actuación de los padres
Se tratará de pedir obediencia en menos cosas de las que uno en principio supondría, no debemos gastar nuestros esfuerzos en cosas poco importantes que no perjudican al hijo. Es decir en cosas poco importantes, que nos molestan porque no coinciden con nuestro modo de hacer pero que realmente son discutibles.
La educación de la obediencia también necesitará una capacidad de observación y una peculiar sensibilidad por parte de los padres porque puede haber muchos factores que colaboren en la rebeldía o desobediencia de los hijos.
Con los niños pequeños, dando una información clara, en el momento oportuno y apoyando luego la orden con cariño, exigiendo perseverantemente en un ambiente de orden, los resultados suelen ser positivos. Pero a eso de los 13 o 14 años, muchas veces, parece que vuelve a repetirse la "edad del no" de los 3 o 4.
Si los padres adelantándose a esta edad, razonan los valores fundamentales de la persona, si fomentan un ambiente de orden y limpieza en el hogar, si procuran vivir la calma, la escucha atenta, si van "soltando cuerda", a medida que los hijos van asumiendo las consecuencias de lo que deciden, si delegan en ellos tareas de atención y cuidado de la familia, los hijos crecerán en responsabilidad.
Convendría reflexionar sobre la relación que puede existir entre una falta de pureza y la desobediencia (el niño que ha mirado pornografía, por ejemplo). Si los niños son conscientes de que no todo está bien en su fuero interior, no estarán a gusto y es posible que lo muestren desobedeciendo.
Enseñarles a obedecer a Dios en primer lugar. Y también a las personas que tienen y ejercen autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia, a lo que es bueno y verdadero. Se trata de conseguir la obediencia de los hijos en una cuestión fundamental. Que piensen antes de actuar, para distinguir lo que es verdadero de lo que es falso, entre lo bueno y lo malo, entre una autoridad que debe ser obedecida y un manipulador que busca fines ajenos a la mejora personal.
Y en estas cuestiones sería conveniente insistir en la adolescencia.
LA EDUCACIÓN DE LA PRUDENCIA
"En su trabajo y en las relaciones con los demás, recoge una información que enjuicia de acuerdo con criterios rectos y verdaderos, pondera las consecuencias favorables y desfavorables para él y para los demás antes de tomar una decisión, y luego actúa o deja actuar, de acuerdo con lo decidido".
La vida familiar exige una actividad continuada que dificulta la reflexión, existe una tendencia a reaccionar frente a las situaciones nuevas que van surgiendo más que a afrontarlas con serenidad para tomar decisiones acertadas. Y estas decisiones puede que no sean congruentes con los valores que se quieren vivir en la familia porque la acción realizada no ha sido considerada de antemano con prudencia.
La virtud de la prudencia "es cognoscitiva e imperativa, aprehende la realidad para luego a su vez, ordenar el querer y el obrar"(2). Por tanto los padres que desarrollen esta virtud, estarán en mejores condiciones de ver con claridad lo que buscan y encontrar luego determinar la actuación correcta encaminada a este fin, que para uno que es cristiano ha de ser el cumplimiento de la Voluntad de Dios.
El desarrollo de la virtud de la prudencia
Normalmente lo más prudente para un niño pequeño es obedecer a sus educadores. En cuanto un niño empiece a tomar decisiones en una zona limitada de su autonomía, necesitará de esta virtud y tendrá que aprender a pedir consejo voluntariamente cuando no cuenta con una información adecuada por su edad, por la complejidad de la situación, en cualquier situación nueva que no ha tenido oportunidad de vivir anteriormente.
Para conocer la realidad se necesita desarrollar una serie de capacidades:
- la capacidad de observación, de lectura comprensiva, de escucha;
- la capacidad de distinguir entre hechos y opiniones;
- la capacidad de distinguir entre lo importante y lo secundario;
- la capacidad de buscar información objetiva;
- la capacidad de seleccionar fuentes;
- la capacidad de analizar críticamente la información recibida y comprobar cualquier aspecto dudoso;
- la capacidad de relacionar causa y efecto;
- la capacidad de recordar.
Los padres podrán desarrollar la capacidad de observación en sus hijos dirigiendo su atención sobre un centro de interés, algún pájaro, por ejemplo, para que reconozcan sus características. De esta manera aprenden a clasificar distintos animales, plantas, etc, que es en sí un acto de enjuiciar unos hechos de acuerdo con unos criterios. La información importante para reconocer un pájaro puede ser su forma, su color, cómo canta, etc. y la información secundaria será que estaba en un banco, en una rama, etc. Si dos hermanos han visto el animal en cuestión esto permitirá mostrarles que cada uno lo ha visto de un modo distinto, el color, el tamaño, etc. Y así descubren que existen opiniones y hechos y que cada uno puede ver los hechos de un modo distinto, también pueden ampliar información sobre este animal contrastando varias fuentes hasta encontrar una fiable y segura.
Este proceso se puede aplicar también preguntando a los hijos sobre un tema de actualidad, una noticia,...(3)
Desarrollo de la capacidad crítica, "saber enjuiciar"
La capacidad de enjuiciar está compuesta por dos elementos: el establecimiento de los criterios adecuados y la apreciación de la situación de acuerdo con esos criterios.
Los padres tenemos que ir dando criterio a los hijos de tal forma que sepan qué criterio usar en cada momento. Para dar algunos ejemplos desde la niñez hasta los hijos mayores se podría citar:
- los criterios para el comportamiento en casa: relación entre trabajo, tiempo libre, ayuda a los demás, etc.;
- los criterios para enjuiciar actos de los demás: la injusticia de un compañero, quién tiene razón en alguna discusión;
- los criterios para enjuiciar si es conveniente leer algún libro o ver alguna película;
- los criterios para enjuiciar problemas sociales y personales;
- los criterios para saber si se está actuando con justicia, con generosidad, con sinceridad, con respeto, etc. y con prudencia.
La decisión
En el momento de tomar una decisión hay que tener en cuenta la información y el enjuiciamiento ya descritos, sabiendo que la decisión misma puede ser tomada en el momento oportuno o no. En segundo lugar, habrá que prever las consecuencias de la decisión tomada de acuerdo a un fin.
El hombre prudente no es el que nunca se equivoca porque no toma ninguna decisión sino el que sabe rectificar sus errores. "No obra con alocada precipitación, pero asume el riesgo de sus decisiones y no renuncia a conseguir el bien por miedo a no acertar"(4).
Para ser prudente hace falta pedir consejo y también los padres tendrán que aprender a pedir consejo sin imponerlo innecesariamente. Se notará que un hijo está desarrollando la virtud de la prudencia porque pide consejo, porque busca las fuentes adecuadas para documentarse, porque pondera esta información y la discute con sus padres y con otras personas, porque llega a ser una persona de criterio y porque actúa o deja actuar despues de considerar las consecuencias del acto para él y para los demás.
"Emprende y realiza distintas acciones que parecen poco prudentes, convencido, a partir de la consideración serena de la realidad, con sus posibilidades y con sus riesgos, de que puede alcanzar un auténtico bien".
Como dice Sto Tomás: "La audacia aumenta con el vigor corporal, la salud y la juventud" -sin olvidar el ejercicio físico y la alimentación saludable- .
La virtud de la audacia ayuda a la persona a perseguir el bien y a cometer empresas grandes, convencido de que puede conseguir algo que realmente vale la pena. Y para que sea virtud necesita de la prudencia.
Hay dos vicios en contra de la virtud de la audacia: la temeridad o la osadía y la pusilanimidad o la cobardía. Si una persona realiza alguna acción valiosa, convencida de su éxito, por saber que cuenta con los medios para hacerlo, no es imprudente. Más si la persona en cuestión no ve el valor de la acción ni cuenta con los medios es dos veces imprudente.
No compensa ser audaz, para buscar algo que no lleva al hombre a su plenitud humana, no vale la pena el riesgo. Cuanta más relación tiene con el fin último mayor ha de ser la audacia.
Luego se tratará de ver todos los peligros y posibilidades de la acción a emprender, las ayudas con las que se puede contar , los amigos que le ayuden a luchar y la fuerza disponible para vencer estas dificultades.
El joven que vive unos valores, que quiere ser audaz, habrá intentado muchas empresas, algunas de ellas habrán salido bien otras no. Se trata de animarle en sus intentos, aunque nos parezcan poco prudentes, con tal que no exista un peligro inminente. Así pueden aprender de sus propios errores y descubrir sus posibilidades reales.
Pretender influir en un grupo de amigos para que se comporten mejor puede parecer imprudente o explicar a un profesor con respeto y delicadeza que ha actuado injustamente, por ejemplo, Sin embargo, es el deber de todos ayudar a los demás a mejorar. Y todo eso a nivel meramente humano.
El cristiano apoya su audacia en la esperanza sobrenatural, Sabe que todo es para bien, aunque no lo comprenda. Sabe que cuenta con la ayuda de Cristo mediante los Sacramentos y la oración. Sabe que cuenta con la ayuda de la Madre de Cristo y Madre nuestra. El cristiano debe estar dispuesto a correr los mayores riesgos sabiendo que cuenta con la ayuda continua de Dios.
BIBLIOGRAFÍA
DAVID ISAACS, "La educación de las virtudes humanas", Eunsa, 1976
Ilustraciones , CARLOS REVIEJO- EDUARDO SOLER,"Canto y Cuento, Antología poética para niños", S.M, 1997
(1) Cfr. STO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theológica, II-II, 29, 3.
(2) PIEPER, J, Las virtudes Fundamentales, Rialp, Madrid, 1976, p.101
(3) El "método del caso" puede ser usado para desarrollar la capacidad crítica, así como las demás capacidades señaladas anteriormente. Existen experiencias muy positivas, entre grupos de jóvenes, debidamente orientados, que discuten temas relacionados con la justicia, el amor, la libertad,...
(4) ESCRIVA DE BALAGUER, J. Amigos de Dios, Rialp, Madrid.