jueves, 30 de octubre de 2025

Educación familiar - Parte 5


LA EDUCACIÓN DE LAS VIRTUDES HUMANAS (ESTRACTO), DAVID ISAAC - 4

- LA EDUCACIÓN DE LA HUMILDAD
- LA EDUCACIÓN DE LA SENCILLEZ
- LA EDUCACIÓN DE LA SOCIABILIDAD
- LA EDUCACIÓN DE LA AMISTAD




LA EDUCACIÓN DE LA HUMILDAD

“Reconoce sus propias insuficiencias, sus cualidades y capacidades y las aprovecha para obrar el bien sin llamar la atención ni requerir el aplauso ajeno".

Santa Teresa dijo: "Humildad es andar en verdad ; soberbia es andar en mentira". Si los padres ayudan a los hijos a reconocer su propia realidad, sin alabarles cuando no cumplan bien y sin exagerar las alabanzas cuando hacen lo que deben, les estimularán la humildad. Pedir perdón es un acto de humildad.

Un problema con los niños más pequeños son las comparaciones y el querer destacar por encima de los demás. Se tratará de no favorecer la soberbia haciendo "gala" de las proezas de los hijos, comparándoles exageradamente con otros niños.

Una dificultad en la adolescencia,  cuando los jóvenes buscan una mayor independencia, es la autosuficiencia: la persona no sabe hablar más que de sí misma; no pide ayuda ni consejo, se enorgullece de su saber -saber inútil en su mayor parte- "El saber es orgulloso de haber aprendido tanto, la sabiduría es humilde por no saber más". (1)

Si existen unos valores respecto a la finalidad de la propia vida, si han asimilado el hecho de que Dios es la Verdad, su actitud puede llegar a ser humilde. Si no aceptan este hecho, la humildad solo puede servirles para asegurar una mayor eficacia en sus metas personales en la sociedad.

Enseñar a los hijos a ser agradecidos, a interesarse por los demás, interesarse significa preguntarles sobre sus intereses y también exigir con delicadeza el derecho a ser escuchado. A buscar el modo de servir a los demás por amor a Dios, sin reclamar el aplauso ajeno. 

Algunas virtudes que ayudan a la humildad: La modestia controlará la tendencia a llamar la atención en el vestir y en los gestos, posturas, etc. La mansedumbre permite obedecer y evita la ira descontrolada que tiene como misión llamar la atención sobre la propia fuerza. 

Después de todo los padres tendrán que preguntarse si prefieren que sus hijos busquen un clamoroso éxito público, o si creen que su labor debe ser escondida, pero eficaz, de acuerdo con sus posibilidades reales. Por otra parte, habrá  que hacer compatible el trabajo bien hecho, que tiene éxito, o las relaciones con los demás bien llevadas que también producen una aceptación natural con los demás y una posible falta de humildad. Aquí lo único que nos puede guiar es la rectitud de intención. Evitar lo estridente, lo poco común, en lo que se pueda, aprender a rectificar la intención cuando se produce alguna desviación. Recordar que todo lo que somos es don de Dios y lo que hagamos ha de ser para gloria de Dios,  con agradecimiento.



LA EDUCACIÓN DE LA SENCILLEZ  

"Cuida de que su comportamiento habitual en el hablar, en el vestir, en el actuar, esté en consonancia con sus intenciones íntimas, de tal modo que los demás puedan conocerle claramente, tal como es."

Dejarse conocer

La sencillez supone que la persona haya reflexionado sobre lo que quiere manifestar. La prudencia le dirá si es conveniente manifestar o no los distintos aspectos de su intimidad. La sencillez le llevará a actuar de acuerdo a sus propias convicciones.

Esta virtud tiene su máximo sentido, entonces, en las relaciones con Dios y en las relaciones con otros miembros de la familia  y con los amigos, porque dependen de la interrelación de intimidades.

Se trata de dejarse conocer para ayudar a los demás a mejorar y para poder mejorar personalmente. En toda relación, siempre es posible, en algún grado, darse a conocer para intentar compartir lo que se considera importante en la vida: la felicidad, la alegría, el trabajo bien hecho, la serenidad, etc.

La sencillez de los niños

Muchos niños dicen lo que sienten y lo que piensan con naturalidad y es bueno que lo hagan. aunque habrá que enseñarles los momentos y los temas oportunos en que manifestarse.

Hacer las cosas con sencillez no significa hacer las cosas espontáneamente, si esta espontaneidad va contra la verdad, la belleza, la bondad o el orden. La persona para tener la virtud de la sencillez, necesita utilizar el intelecto y la voluntad. Este es el caso del niño pequeño que entra en el salón desnudo o que suelta un erupto en público. Y los educadores deben corregir sus modales de acuerdo con unos valores objetivos.

 La sencillez en la adolescencia

Se trata de dejarse conocer, con prudencia, en la concordancia que debe haber entre las intenciones íntimas y su comportamiento habitual en el hablar, en el vestir y en el modo de actuar. 

Esta virtud está  íntimamente relacionada con la virtud de la veracidad, que inclina a la persona a decir siempre la verdad y también con la virtud de la fidelidad, que inclina a la voluntad a cumplir lo prometido, conformando así los hechos con la promesa.

La inseguridad propia de los adolescentes, los respetos humanos, ambientes superficiales,... pueden llevarles a manifestarse exteriormente en contra de sus verdaderas intenciones.

Los motivos para intentar adquirir la virtud de la sencillez. 

Podrá establecer relaciones sencillas con los demás. Así puede surgir la amistad que todo hombre necesita. También permitirá las relaciones conyugales y paterno-filiales en las que se pone en contacto lo irrepetible del ser de cada uno, o sea, su intimidad. Y  se establecerán las bases para recibir a Dios en su corazón.

Un motivo más para adquirir la virtud de la sencillez es "no  hacer el ridículo". Cualquier persona que pretenda ser lo que no es, resulta rara o extravagante y puede mover a los demás a la risa.

Dificultades en el desarrollo de la sencillez

- Respecto al vestir intentar llamar la atención, así, por ejemplo, la persona que sabiendo que tiene que acudir a una fiesta en la que todos van a llevar corbata, se pone la ropa menos convencional posible.

- Respecto al hablar: atribuirse experiencias que no se poseen, ...

- Respecto al actuar, leer de todo, ver todo, escuchar todo, bajo el pretexto de estar al día, en lugar de profundizar en lo más importante, gastar el tiempo, los esfuerzos, por capricho, para quedar bien, etc.

 - Respecto a los propios pensamientos, dando vueltas a detalles sin importancia; los padres en la medida de lo posible deben ayudar a sus hijos a distinguir entre lo que es importante y lo que es secundario.

La manifestación de la sencillez

La manifestación de la sencillez será diferente de acuerdo con las intenciones de cada persona. Si persigue una serie de fines que incluyen mejorarse como hijo de Dios, como hijo, como padre, como cónyuge, como amigo, como compañero, como profesional,...y ayudar a los demás a hacer lo mismo, se notará la sencillez en el modo habitual de manifestarse.

Es posible que se note la sencillez en la paciencia mostrada en una situación difícil, en el modo de buscar lo positivo en cualquier situación, en la tendencia a rehuir cualquier discusión rebuscada, en  el saber hacer y desaparecer, en la alabanza cordial sin exageraciones, en el agradecimiento manifestado con entusiasmo, en el saber rectificar, en el vestir elegante, o en el trato confiado y respetuoso con Dios.

Por eso la sencillez se aplica a todas las demás virtudes y hace de ellas algo atractivo y genuino. 

LA EDUCACIÓN DE LA SOCIABILIDAD

"Aprovecha y crea los cauces adecuados para relacionarse con distintas personas y grupos, consiguiendo comunicar con ellas a partir del interés y  preocupación que muestra por lo que son, por lo que dicen, por lo que hacen, por lo que piensan y por lo que sienten".

Cómo aprender a convivir

En primer lugar, el niño tiene que aprender a estar físicamente en un mismo espacio junto a sus semejantes, aunque la comunicación no se dé con intencionalidad. A continuación, los niños aprenderán que es necesario contar con los demás para realizar ciertas actividades atractivas - jugar a algún juego o lograr algún objetivo en común - y entonces la comunicación se hace necesaria. Empezarán  a reconocer que dentro de la semejanza que poseen con los demás, son diferentes.  

La convivencia entre niños muy pequeños será gobernada principalmente por las reglas del juego impuestas por los educadores. Uno de los estímulos más importantes para conseguir que un niño acepte, sin problemas, el estar en contacto con un grupo de desconocidos (la primera vez que un niño va al colegio, por ejemplo), consiste en que la persona en que confía le introduzca con cariño, indicándole quien es la persona que le sustituye -en este caso el profesor- y que conozca enseguida algunas reglas del juego a que puede atenerse. Estos detalles incluyen, por ejemplo, el lugar propio donde sentarse, indicaciones claras sobre cómo participar en alguna actividad, etc.

La comunicación con los demás

Algunos problemas relacionados con la comunicación de los hijos para los que hay que buscar soluciones: hablar demasiado;  informar mal por falta de vocabulario;  informar sobre los propios intereses sin tener en cuenta los de los otros; no informar por timidez o por soberbia;  no saber preguntar;  no escuchar;  no saber adelantar en la conversación, etc. 

Se trata de saber preguntar y de saber informar con gracia sobre temas interesantes. El saber preguntar implica, quizá, pensar en algunas preguntas o temas con anterioridad al encuentro y luego escuchar la contestación, volviendo a preguntar para adelantar en la discusión y expresando la propia opinión con brevedad, en algún momento. En este sentido ser sociable supone ser una persona con intereses generales amplios.

Por otra parte, hay que tener en cuenta los sentimientos de los demás, observando como reacciona ante el tema que se discute, comenzando por lo que une.

Estas capacidades pueden desarrollarse en situaciones familiares, animando a los hijos a preguntarse entre sí cosas interesantes a partir de un suceso, etc. Al venir algún invitado, explicar a los hijos adolescentes quién es y sugerirles preguntas que le puedan hacer. De este modo el joven ganará en confianza en saber preguntar y se interesará por los demás, porque consigue  que digan cosas interesantes.

También se trata de aprender a expresarse. estimulando el pensamiento propio, no solo la memorización   y teniendo argumentos. Desde pequeños pueden contar cuentos a sus hermanos,...y nunca se debe olvidar lo importante que es la lectura para que los hijos vayan aprendiendo vocabulario y estilo en su expresión. No hace falta insistir en que estas lecturas necesitan ser orientadas no sólo por su contenido, sino también por el mismo estilo del autor.

El aprovechamiento y los cauces para ser sociable

Comenzará en la misma familia, las familias de los amigos y el colegio. Llegará el momento en que la vida social de los hijos tiene que desarrollarse por iniciativa propia. Puede empezar este proceso en las fiestas de cumpleaños. actividades de clubs, actividades parroquiales, actividades deportivas adecuadas para los hijos, campos de trabajo solidario, para animarles a participar en grupos de personas menos conocidas, pero en un clima de confianza.

Y lo mismo se puede decir respecto a las fiestas organizadas entre amigos. Sería imprudente dejar a unos hijos adolescentes acudir a una fiesta si se supiera que los padres o alguna persona de confianza no iba a estar presente. No es problema de confiar o no confiar en los propios hijos, sino en tener la responsabilidad de asegurar, en la medida de lo posible, que las relaciones en las que se van a relacionar los hijos con los demás sean adecuadas.   

La sociabilidad debe llevar al ser humano a relacionarse con todas las personas que pueda para prestarles su mejor servicio.   


LA EDUCACIÓN DE LA AMISTAD

"Llega a tener con algunas personas, que ya conoce previamente por intereses comunes de tipo profesional o de tiempo libre, diversos contactos periódicos personales a causa de una simpatía mutua, interesándose, ambos, por la persona del otro y por su mejora".

¿Cómo hacer amigos?

"La sociabilidad alcanza a todos; el amor al prójimo, a quienes nos rodean, la amistad a los íntimos" (3).  Se tratará de mantener una relación social amplia y practicar la caridad cristiana con todos, porque únicamente así, puede surgir la simpatía mutua que conduce a la amistad.

Las condiciones necesarias para que pueda surgir la amistad son: que existan ciertos intereses en común y que haya un mínimo de homogeneidad en la condición de las personas y en su competencia en la materia tratada.

La amistad entre chicos y chicas: entre las personas de distinto sexo, surge otro factor. la entrega del cuerpo. Esto para el joven que actúa rectamente significa matrimonio, que es un convenio natural entre un hombre y una mujer que "lo hace totalmente diverso, no solo de los ayuntamientos animales realizados por el solo instinto, sin razón ni voluntad deliberada alguna, sino de aquellas inconstantes uniones de los hombres que carecen de todo vínculo verdadero y honesto de las voluntades y están destituídos de todo derecho a la convivencia doméstica (4)".

La razón de ser del hombre y la mujer queda patente en Génesis, I, 27-28: "Dios creó al hombre a imagen suya, los creó varón y mujer y los bendijo diciéndoles: Procread y multiplicaos y llenad la tierra".

Por eso, en la relación personal con una persona del otro sexo el joven estará en una situación en que existe la posibilidad, creada por Dios, de que el compromiso sea de todo su ser, cuerpo y alma.

El joven con criterio recto puede creerse capaz de diferenciar entre estas dimensiones, pero debe aceptar que por lo menos, es un riesgo que no es necesario buscar o aceptar. Al encontrar a una persona que se cree que puede llegar a ser su cónyuge, el joven debe pensar en ella como su futura mujer y tratarla con el respeto que merece una persona que podrá ser copartícipe en una empresa bendecida por Dios. Si no comprende que el aspecto físico está implícito en la relación personal, quizá intentará separar los dos aspectos y acabará fomentando las aberraciones que implican las experiencias prematrimoniales, por ejemplo.

El hombre sin utilizar su voluntad, se parece a un animal y hay que entrenar a los hijos en el buen uso de la voluntad en un campo tan mal entendido como es el de las relaciones entre hombre y mujer.

Los amigos y las edades

Decimos que un niño en el colegio tiene "amigos" si juega con otros niños, si habla con otros, si comparte sus intereses con los demás, si es generoso con los demás, si suele pasar más tiempo con algunos niños que con otros.

A medida que vaya madurando, empezará a seleccionar más en estas relaciones, distinguiendo entre la relación de distensión y la relación de compromiso. No es corriente que una persona tenga muchos amigos. Es lógico que conozca a bastantes personas y establezca una relación con ellas, en la que se comparten algunos aspectos de su vida.

Por otra parte, el hogar es el sitio donde los hijos pueden sentirse seguros. Empiezan a relacionarse con los demás y sufren disgustos y desengaños. Su desarrollo en la sociedad vendrá facilitado, principalmente, por tener la seguridad de encontrarse aceptado en el hogar. 

En este sentido, convendría aclarar que los padres no pueden ni deben intentar sustituir a los amigos de sus hijos. Los hijos esperan de sus padres que sean eso, sus padres.

La amistad y las demás virtudes humanas

"No cabe amistad donde falta virtud (3)". Por tanto, el desarrollo de las virtudes humanas en su conjunto es imprescindible para la amistad. Basta con unos ejemplos para mostrar este hecho: la lealtad es la virtud que "muestra apoyo constante, fidelidad, gratitud, respeto y defensa del amigo, incluso ante dificultades o adversidades (5)" ; la generosidad facilita al amigo actuar  a favor del otro, teniendo en cuenta lo que necesita para su mejora personal; el pudor controlará la entrega de aspectos de su intimidad; la comprensión le ayudará a reconocer los factores que influyen en su situación, en su estado de ánimo, etc

¿Cómo conseguir que nuestros hijos elijan "buenos" amigos?

Los padres no tienen derecho de entrar en la intimidad de sus hijos (parte de esta intimidad son las relaciones con los amigos), pero sí tienen el deber de crear un clima de confianza que facilite la conversación sobre estos temas.

Un buen amigo es una persona que lucha para superarse en un conjunto de virtudes. Una mala influencia es ésa que consigue un cambio de actitud en una persona, de tal forma que su comportamiento habitual no se relaciona con criterios rectos. El resultado más nefasto de una mala influencia es un cambio radical en los criterios de la persona, que implica una destrucción o un abandono de la verdad. La mala influencia tiende a favorecer el desarrollo de vicios más que de virtudes en nuestros hijos. 

La "amistad" más peligrosa que puede tener una persona  es la relación que se basa en una dependencia del otro, de tal forma que el joven acepta toda su influencia sin utilizar sus propios criterios.

Parece lógico que se van a encontrar con más posibles amigos en un club de estudiantes de bachillerato que en un grupo de chicos que se reúnen para fumar, beber y hablar de chicas irrespetuosamente, por ejemplo. Sin embargo, el grupo de personas con condiciones de ser buenos amigos puede parecer aburrido y sedentario. Aquí está el reto para los padres. Organizar o promover actividades que sean interesantes en sí; que apelen al deseo de aventura de los jóvenes o a sus intereses artísticos o a su preocupación por los demás.

En estas circunstancias, el joven puede empezar a seleccionar sus amigos y se tratará de orientar al hijo para que vaya cumpliendo como amigo, visitando al otro cuando está enfermo, animándole cuando se sienta triste, acompañándole a cumplir con algún encargo, compartiendo razonablemente  su intimidad con el otro y esforzándose por mantener el contacto periódico no solo en los tiempos normales, sino también en las vacaciones, mediante algún mensaje o llamada telefónica. Es este esfuerzo de mantenerse en contacto lo que permite a algunos seguir siendo amigos, ya al final de su vida, de una persona conocida en la infancia.

BIBLIOGRAFÍA

DAVID ISAACS, "La educación de las virtudes humanas",Eunsa, 1976

Ilustraciones , CARLOS REVIEJO- EDUARDO SOLER, “Canto y Cuento, Antología poética para niños", S.M, 1997

(1) COWPER W., "The winter walk at noon", Bk,VI, 1, 96

(2) VÁZQUEZ DE PRADA, A. "Estudio sobre la amistad". Rialp. Madrid, 1975, p. 162

(3) Op. cit, p. 203

(4) PÍO XI, Enc. "Casti Connubi", 31-XII-1930, n.4.

(5) IA de Google 


 



Educación familiar - Parte 4

                                                 


 LA EDUCACIÓN DE LAS VIRTUDES HUMANAS (ESTRACTO), DAVID ISAAC - 4

- LA EDUCACIÓN DE LA JUSTICIA
- LA EDUCACIÓN DE LA OBEDIENCIA
- LA EDUCACIÓN DE LA PRUDENCIA
- LA EDUCACIÓN DE LA AUDACIA
- LA EDUCACIÓN DE LA HUMILDAD

                                                                                     


LA EDUCACIÓN DE LA JUSTICIA

"Esta virtud pone orden en nuestras relaciones con Dios y con los demás; hace que respetemos mutuamente nuestros derechos; hace que cumplamos con nuestros deberes; pide sencillez, sinceridad y gratitud; contribuye al bienestar y la paz de la sociedad, aunque como explica Sto Tomás, la paz es fruto de la caridad, ya que esta virtud produce la unión de los corazones. (1)"


La justicia y las edades

Los niños pequeños apelan con frecuencia a sus padres para resolver problemas de justicia en sus juegos. En cambio a partir de los nueve o diez años, los niños discutirán las reglas entre sí y únicamente acudirán a sus padres cuando ocurre algo que no pueden controlar. 

De 9 a 13 años quieren ser justos pero no saben lo que es justo. Por eso la virtud de la obediencia es tan importante. Mediante la obediencia a sus padres los hijos actúan justamente y aprenden a ser justos con sus hermanos y con sus amigos. Sin este entrenamiento el proceso será mucho más difícil. 

Algunos objetivos que podemos alcanzar progresivamente con comprensión, exigencia y cariño son:
- aprender a establecer un acuerdo con un hermano o un amigo y luego cumplirlo,
- aceptar las reglas de un juego una vez conocidas,
- decir la verdad, en la medida que capten lo que es,
- respetar la propiedad ajena: no robar, no romper, etc.,
- respetar ciertas necesidades y derechos ajenos: las habitaciones de los hermanos, el silencio en momentos de estudio, la intimidad de los demás (llamar a la puerta antes de entrar, no interrumpir en una conversación),
- devolver lo que ha sido prestado en las mismas condiciones, en que fue recibido,
hablar de los demás con respeto, buscando lo positivo. Mostrar la falta de justicia que supone la murmuración, la calumnia y la difamación.

En caso de sufrir un acto injusto de otro: informar acerca de la injusticia sufrida a una persona competente para deshacer el entuerto; procurar que la persona que ha cometido la injusticia repare debidamente, tomar medidas compensatorias y perdonar; evitar un acto de venganza, es decir, un acto injusto como respuesta, porque en el fondo, al actuar injustamente es a sí mismo a quien se hace daño. 

Ser justo con cada uno de acuerdo con su condición y circunstancias.

En torno a los 11 años el niño reconoce que justicia significa dar a cada uno lo mismo. A partir de los  13 o 14 años pueden empezar a reconocer que todos somos diferentes. Una persona tiene una manera de actuar, de pensar, de sentir, un alma, un cuerpo. Actuar de un mismo modo con cada uno, no tiene sentido. Únicamente tendría sentido si las personas fueran máquinas.

Por ello se trata de ayudar a los hijos a distinguir entre:
- hermanos de distintas edades,
- hermanos con distintas necesidades (de recibir alguna ayuda, alguna exigencia concreta, etc.), 
- personas de acuerdo con su estado de ánimo (el acto justo puede ser realizado en un momento oportuno o inoportuno,...)

La justicia de los padres

Cada hijo es diferente y necesita un trato diferente; pero el mismo amor incondicional, intentar superar cualquier simpatía o antipatía que pueda haber respecto a cada hijo.

 Algunas normas familiares:
- el derecho al respeto por parte de los demás,
- el derecho a la ayuda por parte de los demás para alcanzar una mayor plenitud humana y sobrenatural cada día, 
- el derecho a participar de acuerdo a la capacidad de cada uno,
- el derecho a convivir con orden,
- el derecho a la intimidad,

Evidentemente, estos derechos serán compensados por el deber correspondiente.

Cuando los hijos no cumplen lo que deben, nos encontramos con el tema de los castigos. Estamos sancionando a los demás continuamente, sonriéndoles, escuchándoles (sanciones positivas), no  prestándoles atención (sanciones negativas). Los castigos más adecuados son los que ayudan a reparar la falta cometida (si un niño ha roto una ventana que ayude a repararla o que pague una nueva).

El niño pequeño puede aprender, con la ayuda de sus padres y hermanos mayores, que lo que "no está bien" es injusto, que le ayudará a comprender lo que es justo en cada momento y con cada persona, sabiendo que la Sagrada Escritura habla más de 800 veces de la justicia y del "justo", expresión esta última de la que el lenguaje bíblico se vale para designar al "bueno", al "santo".




LA EDUCACIÓN DE LA OBEDIENCIA

"Acepta, asumiendo como decisiones propias, las de quien tiene y acepta la autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia y realiza con prontitud lo decidido, actuando con empeño para interpretar fielmente la voluntad del que manda".

Las edades de la obediencia

Los padres debemos buscar el desarrollo de la virtud de la obediencia en nuestros hijos en relación con los valores que consideramos importantes en la vida. para que no obedezcan a los contravalores de la sociedad permisiva, cuyo principal valor es el "me apetece".

Hasta los 3 años los niños obedecen porque sus padres les dan seguridad y cariño. A los 3 o 4 años comienza la "edad del no", proceso que le ayuda a desarrollar su propia voluntad. Si comprende la necesidad de las reglas del juego, será más fácil que cumpla motivado por la vivencia de que hace falta un cierto orden en las cosas para poder convivir.

Desde los 5 años en adelante habrá que combinar la exigencia directa hacia los hijos con el razonamiento de lo que se exige, de tal modo que el hijo cumpla porque ve que es razonable cumplir. También puede cumplir por cariño hacia sus padres, reconociendo que su obediencia es una manera de manifestarlo.

A partir de los 13 años, más o menos, conviene que la obediencia sea consecuencia de una actitud reflexiva por amor a Dios y a los demás.

La actuación de los padres

Se tratará de pedir obediencia en menos cosas de las que uno en principio supondría, no debemos gastar nuestros esfuerzos en cosas poco importantes que no perjudican al hijo. Es decir en cosas poco importantes, que nos molestan porque no coinciden con nuestro modo de hacer pero que realmente son discutibles. 

La educación de la obediencia también necesitará una capacidad de observación y una peculiar sensibilidad por parte de los padres porque puede haber muchos factores que colaboren en la rebeldía o desobediencia de los hijos.

Con los niños pequeños, dando una información clara, en el momento oportuno y apoyando luego la orden con cariño, exigiendo perseverantemente en un ambiente de orden, los resultados suelen ser positivos. Pero a eso de los 13 o 14 años, muchas veces, parece que vuelve a repetirse la "edad del no" de los 3 o 4.

Si los padres adelantándose a esta edad, razonan los valores fundamentales de la persona, si fomentan un ambiente de orden y limpieza en el hogar, si procuran vivir la calma, la escucha atenta, si van "soltando cuerda", a medida que los hijos van asumiendo las consecuencias de lo que deciden, si delegan en ellos tareas de atención y cuidado de la familia, los hijos crecerán en responsabilidad.

Convendría reflexionar sobre la relación que puede existir entre una falta de pureza y la desobediencia  (el niño que ha mirado pornografía, por ejemplo). Si los niños son conscientes de que no todo está bien en su fuero interior, no estarán a gusto y es posible que lo muestren desobedeciendo. 

Enseñarles a obedecer a Dios en primer lugar. Y también a las personas que tienen y ejercen autoridad, con tal de que no se opongan a la justicia, a lo que es bueno y verdadero. Se trata de conseguir la obediencia de los hijos en una cuestión fundamental. Que piensen antes de actuar, para distinguir lo que es verdadero de lo que es falso, entre lo bueno y lo malo, entre una autoridad que debe ser obedecida y un manipulador que busca fines ajenos a la mejora personal.

Y en estas cuestiones sería conveniente insistir en la adolescencia. 




LA EDUCACIÓN DE LA PRUDENCIA

"En su trabajo y en las relaciones con los demás, recoge una información que enjuicia de acuerdo con criterios rectos y verdaderos, pondera las consecuencias favorables y desfavorables para él y para los demás antes de tomar una decisión, y luego actúa o deja actuar, de acuerdo con lo decidido".

La vida familiar exige una actividad continuada que dificulta la reflexión, existe una tendencia a reaccionar frente a las situaciones nuevas que van surgiendo más que a afrontarlas con serenidad para tomar decisiones acertadas. Y estas decisiones puede que no sean congruentes con los valores que se quieren vivir en la familia porque la acción realizada no ha sido considerada de antemano con prudencia.

La virtud de la prudencia "es cognoscitiva e imperativa, aprehende la realidad para luego a su vez, ordenar el querer y el obrar"(2). Por tanto los padres que desarrollen esta virtud, estarán en mejores condiciones de ver con claridad lo que buscan y encontrar luego determinar la actuación correcta encaminada a este fin, que para uno que es cristiano ha de ser el cumplimiento de la Voluntad de Dios.

El desarrollo de la virtud de la prudencia

Normalmente lo más prudente para un niño pequeño es obedecer a sus educadores. En cuanto un niño empiece a tomar decisiones en una zona limitada de su autonomía, necesitará de esta virtud y tendrá que aprender a pedir consejo voluntariamente cuando no cuenta con una información adecuada por su edad, por la complejidad de la situación, en cualquier situación nueva que no ha tenido oportunidad de vivir anteriormente. 

Para conocer la realidad se necesita desarrollar una serie de capacidades:

- la capacidad de observación, de lectura comprensiva, de escucha;
- la capacidad de distinguir entre hechos y opiniones;
- la capacidad de distinguir entre lo importante y lo secundario;
- la capacidad de buscar información objetiva;
- la capacidad de seleccionar fuentes;
- la capacidad de analizar críticamente la información recibida y comprobar cualquier aspecto dudoso;
- la capacidad de relacionar causa y efecto;
- la capacidad de recordar.

Los padres podrán desarrollar la capacidad de observación en sus hijos dirigiendo su atención sobre un centro de interés, algún pájaro, por ejemplo, para que reconozcan sus características. De esta manera aprenden a clasificar distintos animales, plantas, etc, que es en sí un acto de enjuiciar unos hechos de acuerdo con unos criterios. La información importante para reconocer un pájaro puede ser su forma, su color, cómo canta, etc. y la información secundaria será que estaba en un banco, en una rama, etc. Si dos hermanos han visto el animal en cuestión esto permitirá mostrarles que cada uno lo ha visto de un modo distinto, el color, el tamaño, etc. Y así descubren que existen opiniones y hechos y que cada uno puede ver los hechos de un modo distinto, también pueden ampliar información sobre este animal contrastando varias fuentes hasta encontrar una fiable y segura.

Este proceso se puede aplicar también preguntando a los hijos sobre un tema de actualidad, una noticia,...(3)

Desarrollo de la capacidad crítica, "saber enjuiciar"

La capacidad de enjuiciar está compuesta por dos elementos: el establecimiento de los criterios adecuados y la apreciación de la situación de acuerdo con esos criterios.

Los padres tenemos que ir dando criterio a los hijos de tal forma que sepan qué criterio usar en cada momento. Para dar algunos ejemplos desde la niñez hasta los hijos mayores se podría citar:
- los criterios para el comportamiento en casa: relación entre trabajo, tiempo libre, ayuda a los demás, etc.;
- los criterios para enjuiciar actos de los demás: la injusticia de un compañero, quién tiene razón en alguna discusión;
- los criterios para enjuiciar si es conveniente leer algún libro o ver alguna película;
- los criterios para enjuiciar problemas sociales y personales;
- los criterios para saber si se está actuando con justicia, con generosidad, con sinceridad, con respeto, etc. y con prudencia. 

La decisión

En el momento de tomar una decisión hay que tener en cuenta la información y el enjuiciamiento ya descritos, sabiendo que la decisión misma puede ser tomada en el momento oportuno o no. En segundo lugar, habrá que prever las consecuencias de la decisión tomada de acuerdo a un fin.

El hombre prudente no es el que nunca se equivoca porque no toma ninguna decisión sino el que sabe rectificar sus errores. "No obra con alocada precipitación, pero asume el riesgo de sus decisiones y no renuncia a conseguir el bien por miedo a no acertar"(4).  

Para ser prudente hace falta pedir consejo y también los padres tendrán que aprender a pedir consejo sin imponerlo innecesariamente. Se notará que un hijo está desarrollando la virtud de la prudencia porque pide consejo, porque busca las fuentes adecuadas para documentarse, porque pondera esta información y la discute con sus padres y con otras personas, porque llega a ser una persona de criterio y porque actúa o deja actuar despues de considerar las consecuencias del acto para él y para los demás.



LA EDUCACIÓN DE LA AUDACIA

"Emprende y realiza distintas acciones que parecen poco prudentes, convencido, a partir de la consideración serena de la realidad, con sus posibilidades y con sus riesgos, de que puede alcanzar un auténtico bien".

Como dice Sto Tomás: "La audacia aumenta con el vigor corporal, la salud y la juventud" -sin olvidar el ejercicio físico y la alimentación saludable- .

La virtud de la audacia ayuda a la persona a perseguir el bien y a cometer empresas grandes, convencido de que puede conseguir algo que realmente vale la pena. Y para que sea virtud necesita de la prudencia.

Hay dos vicios en contra de la virtud de la audacia: la temeridad o la osadía y la pusilanimidad o la cobardía. Si una persona realiza alguna acción valiosa, convencida de su éxito, por saber que cuenta con los medios para hacerlo, no es imprudente. Más si la persona en cuestión no ve el valor de la acción ni cuenta con los medios es dos veces imprudente.

No compensa ser audaz, para buscar algo que no lleva al hombre a su plenitud humana, no vale la pena el riesgo. Cuanta más relación tiene con el fin último mayor ha de ser la audacia.

Luego se tratará de ver todos los peligros y posibilidades de la acción a emprender, las ayudas con las que se puede contar , los amigos que le ayuden a luchar y la fuerza disponible para vencer estas dificultades. 

El joven que vive unos valores, que quiere ser audaz, habrá intentado muchas empresas, algunas de ellas habrán salido bien otras no. Se trata de animarle en sus intentos, aunque nos parezcan poco prudentes, con tal que no exista un peligro inminente. Así pueden aprender de sus propios errores y descubrir sus posibilidades reales.

Pretender influir en un grupo de amigos para que se comporten mejor puede parecer imprudente o explicar a un profesor con respeto y delicadeza que ha actuado injustamente, por ejemplo, Sin embargo, es el deber de todos ayudar a los demás a mejorar. Y todo eso a nivel meramente humano. 

El cristiano apoya su audacia en la esperanza sobrenatural, Sabe que todo es para bien, aunque no lo comprenda. Sabe que cuenta con la ayuda de Cristo mediante los Sacramentos y la oración. Sabe que cuenta con la ayuda de la Madre de Cristo y Madre nuestra. El cristiano debe estar dispuesto a correr los mayores riesgos sabiendo que cuenta con la ayuda continua de Dios. 


BIBLIOGRAFÍA

DAVID ISAACS, "La educación de las virtudes humanas", Eunsa, 1976

Ilustraciones , CARLOS REVIEJO- EDUARDO SOLER,"Canto y Cuento, Antología poética para niños", S.M, 1997

(1) Cfr. STO TOMÁS DE AQUINO, Summa Theológica, II-II, 29, 3.

(2) PIEPER, J, Las virtudes Fundamentales, Rialp, Madrid, 1976, p.101

(3) El "método del caso" puede ser usado para desarrollar la capacidad crítica, así como las demás capacidades señaladas anteriormente. Existen experiencias muy positivas, entre grupos de jóvenes, debidamente orientados, que discuten temas relacionados con la justicia, el amor, la libertad,...

(4) ESCRIVA DE BALAGUER, J. Amigos de Dios, Rialp, Madrid.